Leyenda del popocatepetl e iztaccihuatl

Hace miles de años. Mucho antes de que la llegada de los europeos trastocara el mundo místico edificado por las culturas originales de América, los aztecas dominaban en lo que hoy es el Valle de México y utilizaban su poderío para conquistar a todos los pueblos cercanos.

Leyenda del amor entre popocatepetl e iztaccihuatl

Se cuenta que tras muchos años de sometemiento los Tlaxcaltecas decidieron que ya no iban a someterse a esta opresión, así que declaró entre ellos la guerra.

Leyenda del popocatepetl e iztaccihuatlEn medio de esta lucha por la libertad, su hermosa hija, la princesa Iztaccíhuatl, se enamoró profundamente de Popocatépetl, uno de los más apuestos y fuertes guerreros de los Tlaxcaltecas. Él correspondió a su amor con la misma intensidad, así que, antes de partir a la lucha, pidió la mano de la princesa al cacique, que aceptó entregársela si regresaba victorioso de la guerra, con la cabeza del enemigo sangrando en su lanza. El guerrero juró que lo haría y partió con la promesa de su amor, dispuesto a vencer o a morir.

Sin embargo, en medio de los años en los que él estuvo en batalla, un rival celoso de Popocatépetl le contó a la princesa que su amado no había logrado salir victorioso contra los aztecas y había muerto. Desolada ante la noticia, sin saber que era falsa, Iztaccíhuatl se encerró, se negó a probar bocado y acabó muriendo de tristeza.

Tiempo después, Popocatépetl regresó triunfante, con la cabeza del enemigo sangrando en su lanza, tal como había pedido el cacique para entregarle en matrimonio a su hija. Se enteró así de lo sucedido con su amada y durante días sólo pudo vagar entristecido, hasta que decidió honrar y preservar su recuerdo con la construcción de una extraordinaria tumba ante el sol, para la que amontonó 10 cerros.

leyenda de los volcanesTomó el cuerpo de la princesa, la llevó hasta su túmulo gigantesco y posó en ella un beso póstumo. Luego, se quedó velándola con una antorcha encendida. Con el tiempo, ambos fueron cubiertos de nieve y se convirtieron en volcanes. Hasta hoy, la llama de Popocatépetl sigue encendida, protegiendo el sueño eterno de Iztaccíhuatl.